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Antes pensábamos que la realidad es única y objetiva y que todos la entendían e interpretaban de la misma forma, y que por lo tanto debía ser muy fácil de poder compartirla.
Es por tal motivo que se acostumbraba de manejar los mismos procedimientos de enseñanza en las instituciones educativas. Pero los hechos nos muestran otras cosas, con la llegada de la postmodernidad y del constructivismo dejamos a un lado el objetivismo y nos sumergimos en nosotros mismos, en nuestra propia subjetividad creadora, que trae como consecuencia todo un proceso de liberación y realidad propia.
La realidad de pronto ya no es compartida sino individual, según como yo la construya, y este marco cambia drásticamente nuestra perspectiva del mundo y la forma de cómo vamos aprender de él y obviamente como vamos a enseñar. Ya no se piensa como antes de que todos los alumnos tienen la misma capacidad de aprender y que simplemente se les enseña de forma general como si todos fueran una tabula raza para que asimilen todo.
La visión es más bien enseñarles a su propio ritmo y como quieran recibir la información, a su propia manera de percibir la realidad, creada constantemente por ellos.